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Padel

Balance y peso: cómo afectan a tu juego y a tu codo

Qué significan los gramos y el balance de una pala, cómo cambian tu reacción en la red y qué combinación conviene evitar si arrastras molestias en el brazo.

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Índice de la guía

Qué es el balance y cómo se mide

El balance es el punto donde la pala se equilibra, medido en centímetros desde el final del puño. En pádel se mueve casi siempre entre 25 y 28 centímetros: por debajo de 26 hablamos de balance bajo, alrededor de 26,5-27 de balance medio y por encima de 27,5 de balance alto. Es una diferencia de milímetros sobre el papel y de sensación completamente distinta en la mano.

La razón es física: lo que notas al golpear no es el peso, es la inercia. Dos palas de 365 gramos con el peso colocado en sitios distintos se comportan como si una pesara bastante más que la otra. Por eso el balance explica mejor que la báscula por qué una pala te parece un martillo y otra una raqueta de ping-pong.

Bajo, medio y alto: qué ganas y qué pierdes

Con balance bajo la pala se mueve rápido: reaccionas mejor en la volea, controlas la bola de pared y llegas a bolas cruzadas que con otra pala se te escapan. Pierdes profundidad en el remate y algo de salida de bola desde el fondo.

Con balance alto pasa lo contrario. El peso arriba genera velocidad de cabeza y la bola sale con más energía en remates y bandejas agresivas, pero cada volea rápida te llega tarde y cada bola inesperada te obliga a un esfuerzo mayor. El balance medio existe precisamente porque la mayoría de jugadores no quiere renunciar a ninguna de las dos cosas.

El peso total: los gramos y dónde están

La mayoría de palas están entre 350 y 375 gramos. Menos de 355 es una pala ligera, cómoda y rápida pero que absorbe peor las bolas fuertes; más de 370 aporta estabilidad frente a un rival que pega, a costa de cansar el hombro en el tercer set. La talla y la fuerza del jugador importan, pero menos de lo que la gente cree: lo que más pesa es cuántas horas seguidas juegas.

Ojo con las tolerancias. Cuando una ficha dice "365-370 g" está diciendo la verdad: la pala que te llegue puede estar en cualquier punto de ese rango, e incluso salirse un par de gramos. Si el peso exacto es crítico para ti, pésala al recibirla y no des por hecho el dato de catálogo.

Tu codo: la combinación que conviene evitar

La epicondilitis —el famoso codo de tenista— aparece cuando el antebrazo absorbe repetidamente vibraciones y frenazos que no puede amortiguar. La receta para provocarla es conocida: pala dura, pesada, con balance alto y un grip demasiado fino, jugando muchas horas sin adaptación previa. Cada uno de esos factores por separado es asumible; juntos, no.

Si ya tienes molestias, la dirección correcta es la contraria: tacto blando, balance bajo o medio, peso en la parte baja del rango y un overgrip que te permita agarrar sin apretar. No es una cura, y ninguna pala lo es: es dejar de añadir carga a un tendón que ya está protestando. Con dolor establecido, fisioterapeuta primero y catálogo después.

Personalizar el balance sin comprar otra pala

Un protector de marco añade entre 8 y 15 gramos en la cabeza y sube el balance de forma apreciable; quitarlo hace lo contrario. Dos vueltas de plomo en la parte baja del marco bajan el balance sin cambiar demasiado el peso percibido. Un overgrip más grueso engorda el puño y aporta un par de gramos abajo.

Son ajustes baratos que merecen probarse antes de gastarse doscientos euros. Cambia una sola cosa cada vez y juega al menos dos sesiones antes de decidir: si tocas tres variables a la vez, no vas a saber cuál te ha funcionado.

Cómo probarlo en pista

La prueba honesta no es pelotear cinco minutos, es jugar un set. Fíjate en tres momentos concretos: la volea rápida a la altura del pecho, la bola que sale de la pared con poco tiempo y el remate en el último juego. Si llegas tarde a las dos primeras, tu pala tiene demasiada cabeza. Si el remate no pasa de la red, quizá te falte.

Y comprueba cómo tienes el antebrazo al día siguiente. Una pala puede parecer maravillosa durante una hora y estar cobrándose una factura que solo se ve en la resaca muscular del día después.

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